FRANCO JOSUE MATIAS CLASE 2

 Empezamos la segunda clase con una dificultad para el ejercicio que formaba cada grupo, un poco gracioso, un poco preocupante, porque eran tareas fáciles jaja. La verdad es que se toma con humor y eso hace que todo pase un poco mejor. Con ese mismo humor empezamos a ver las nuevas caras del grupo 1 y a conocernos entre nosotros.


Durante la actividad de crear el grupo, nadie conocía a casi nadie. Con los compas empezamos a hablar y a sacar información: qué carreras estudiaban, si les quedaba poco para recibirse, qué materias estaban haciendo, bla bla. De a poco fuimos rompiendo esa primera incomodidad de no saber quién era quién y terminamos formando un grupo de siete personas, la mayoría de Diseño Gráfico y dos de Diseño de Imagen y Sonido. Me pareció interesante porque, aunque todos estábamos dentro del mundo del diseño, cada uno venía con recorridos y experiencias diferentes, y eso también empezaba a formar una especie de capital dentro del grupo que todavía no conocíamos.


Tuvimos una teórica que nos dio algunos puntos para pensar los diferentes capitales: económicos, contactos e ideas. Marcamos las diferentes posibilidades de tener dos de tres y cómo sería el faltante, cómo funcionaría un proyecto en esas condiciones, si sería llevadero y, principalmente, si podría llegar a llevarse a cabo. Pensamos en las posibles oportunidades y posibilidades que aparecen dependiendo del capital que uno tenga disponible.


Los contactos me parecieron el principal capital a tener en cuenta, ya que generan una mayor posibilidad de movimiento. El dinero no siempre es lo principal. Obviamente ayuda y muchas veces es necesario, pero tener contactos puede abrir puertas, generar oportunidades, conseguir información o incluso encontrar a alguien que tenga el capital que a uno le falta. Por otro lado, las ideas pueden ser muy buenas, incluso excelentes, pero si no tienen viabilidad, si no pueden llevarse a cabo de alguna manera, no llegan a ningún lado. Una buena idea sin recursos, sin contactos o sin una estrategia puede quedar simplemente en eso: una idea.


Obviamente, tocar el tema de los capitales me recordó a Bourdieu y a las formas de capital que plantea para conseguir mayor consenso o reconocimiento dentro de una mayoría o de un mercado determinado. También pensé en el habitus cultural de cada persona, en cómo cada uno se mueve dentro de determinados espacios y cómo esas condiciones previas también influyen en las posibilidades que tenemos. No todos empezamos desde el mismo lugar, aunque muchas veces se nos quiera vender esa idea de que todo depende exclusivamente del esfuerzo individual.


También recordé el concepto de target, los sujetos que tienen que mantener determinadas características o comportamientos para poder permanecer dentro de un mercado. Todo eso me fue llevando a pensar en este mundo bastante superficial y efímero, donde prácticamente todo se materializa para poder ser mercantilizado. Es decir: venderse, comprar y vender, comprar y vender. Una lógica del sistema capitalista que muchas veces parece no crear más que nuevos negocios para generar más y más dinero, incluso cuando se trata de necesidades que antes no existían o que podrían resolverse de otra manera. Todo termina convertido en producto, en experiencia, en imagen o en servicio. Y en medio de todo eso aparece una pregunta bastante incómoda: ¿dónde queda la parte humana?


Después de la teórica nos armamos en los grupos y nos fuimos a una mesa a charlar y esperar una nueva tarea para hacer. Cada uno, a su tiempo, se fue presentando y pudo ir conversando con el resto. Cuando empezamos con la consigna todavía ni sabíamos bien los nombres de todos, y eso hizo que la situación fuera todavía más graciosa. Creo que también fue una forma bastante natural de empezar a conocernos, porque no hubo una presentación demasiado estructurada, sino que directamente tuvimos que trabajar juntos y eso obligó a generar algún tipo de vínculo.


Cuando nos dieron las indicaciones para lo que sería el ejercicio de hacer en clase, personalmente me dio mucha curiosidad y ganas de hacerlo. La parte lúdica, el juego, es algo que me motiva personalmente. Siempre me interesó esa posibilidad de pensar desde un lugar más libre, sin tener que buscar inmediatamente una respuesta correcta. El profesor nos dio al grupo 1 “ciudad del futuro” (dibujo). Ya cuando dijo dibujo me atrajo inmediatamente. Me gusta dibujar y, particularmente, me gusta dibujar ciudades y casas, por lo tanto sabía que me iba a gustar el ejercicio.


Luego de las indicaciones generales, en el grupo planteamos una división de roles y tareas para poder coordinarnos. Cada parte fue sumando palabras disparadoras para lo que serían las palabras claves de la formación del proceso de nuestro dibujo. La selección de esas palabras fue una decisión conjunta y bastante pensada, porque queríamos que realmente sirvieran para construir una idea y no simplemente llenar un papel con palabras al azar.


Tomé el liderazgo de la tarea de escribir las palabras de la lluvia de ideas. Las palabras iban tomando un camino hacia otras palabras, que a su vez llevaban a nuevas ideas y esas ideas empezaban a formar una especie de mazacote de conceptos sobre lo que imaginábamos como una ciudad del futuro. Me gustó mucho ese proceso porque no había una única persona pensando, sino que cada compañero aportaba algo y eso iba modificando la idea general.


Cuando me tocó dibujar, me sentí en mi salsa. Tanto que pasó el profesor y dijo: “parece ser que tenemos un arquitecto en la mesa” jeje. La verdad es que me gustaría seguir estudiando Arquitectura. Sentí que ese comentario era para mí y así lo tomé. Me hizo pensar que quizás hay algo de ese camino que realmente me interesa y que debería seguir explorando. Fue un comentario pequeño, pero en ese momento me hizo bastante gracia y también me quedó dando vueltas.


Realmente, con mis compas hicimos un buen trabajo. No solamente desde el dibujo, sino también desde la búsqueda de palabras, las referencias visuales y las ideas que iban surgiendo. Dibujamos y recreamos nuestra imagen a partir de las palabras: automático, estimulante, facilidad, soledad y contaminación.


Sentí que trabajamos conceptualmente cada palabra de una manera bastante concreta. Elegimos que cada una estuviera reflejada en el dibujo y en su narrativa. La idea de una ciudad atravesada por esas palabras habla mucho de cómo vemos el futuro de la ciudad. Y, si soy sincero, bastante pesimistas. Aunque también pienso que no hay mucho futuro para ninguno de nosotros si seguimos entendiendo el progreso únicamente desde la producción y el consumo. El futuro, en general, no parece ser algo demasiado inspirador para ser vivido como una idea de progreso. Más bien aparece representado como destrucción, crisis, aislamiento o incluso como el fin del mundo. Algo mucho más cercano al humano en general que la idea optimista de una sociedad futura mejor.


Algo que noté durante el ejercicio fue que, hablando con los compañeros, muchos sentimos que el futuro podría ser algo bastante dictatorial. Eso me asustó un poco. Una ciudad donde todo está automatizado, donde la facilidad reemplaza algunas capacidades humanas, donde estamos cada vez más conectados pero también más solos, y donde la contaminación sigue avanzando, no parece exactamente el futuro que quisiera habitar.


Me quedé pensando en todo lo que habría que hacer para salvar este mundo, pero también en si realmente estamos haciendo algo para cambiar el rumbo. Quizás el ejercicio, aunque parecía simplemente un dibujo sobre una ciudad futura, terminó siendo bastante más profundo. Nos hizo imaginar cómo sería vivir en un futuro construido a partir de las decisiones que estamos tomando ahora.


Por el trabajo en clase quedamos muy conformes. Sacamos fotos, nos felicitamos entre nosotros y finalizamos la clase bastante satisfechos. Me fui con la sensación de que, aunque al principio ni siquiera nos conocíamos y teníamos algunas dificultades para organizarnos, pudimos construir algo en conjunto. Y creo que eso también fue parte importante del ejercicio: entender que una idea no siempre aparece de una sola cabeza, sino que puede construirse entre varias personas, con diferentes capitales, conocimientos, experiencias y formas de mirar el mundo.


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